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domingo, 8 de abril de 2012

¿Reirse del Alzheimer?

Cada uno de nosotros, en nuestro feudo particular nos reímos con, que no de, nuestros familiares afectados de Alzheimer. Habrá quienes se rían de ellos, no los comprendan ni lo intenten, o reaccionen violentamente ante una reacción violenta del enfermo, pero eso es otro tema y este no es el sitio. Pero si diremos que la ignorancia en torno a esta mortal enfermedad es muy grande y eso daña a ambos, al enfermo y al acompañante, pero sobre todo, perjudica al que ignora.


La vida son pequeños momentos, pequeñas ilusiones, grandes logros y satisfacciones grandes y pequeñas, y si no fuera por esos momentos y por esas «gracietas» que hacemos para ellos, o que a veces ellos hacen para nosotros, al menos visto desde nuestra vivencia particular, todo esto sería un verdadero infierno sin salida.

Alguno de vosotros -como cuidadores o acompañantes- ¿no habéis experimentado un cambio total del sentido del humor? No quiero decir de bueno a malo ni lo contrario, sino un cambio.  


Cambio, que por supuesto forma parte de la enfermedad y que no va a durar todo el trayecto de la misma, pero mientras dure y este sea a positivo, intentad sacar algo positivo de todo ello y disfrutad, porque luego llegarán otros cambios.

El sentido del humor no es algo que varíe mucho a lo largo de la vida de las personas y se suele nacer con él o no, o puede que se tome de pronto la decisión de ser más alegre por vicisitudes de la vida, e incluso lo contrario, que esas mismas experiencias dejen a una persona sin el placer de la risa. Reír por reír, que es lo más sano, reírse de uno mismo y casi de todo cuanto te rodea, por aquello de que «para qué tomarse la vida en serio si no vas a salir vivo de ella». En esto del Alzheimer, yo le llamo estrategia, es como si se diesen cuenta de algo que no quisieran y, de pronto, a medida que la enfermedad avanza y ellos involucionan entre despistes y falta de memoria, nace en su interior una nueva persona que bromea para pasar desapercibido entre tanta decadencia  y reírse, ahora si, pero con amargura interna, de su propios olvidos. Esto, a mi humilde parecer, es lo que realmente provoca ese cambio al ser ellos conscientes aún de lo que está ocurriendo. 

Esta enfermedad es muy depresiva para quienes la vivimos, testigos de la decadencia de un ser querido,  aunque con momentos irrefutablemente buenos, con sensaciones nuevas y en muchos casos con sentimientos descubiertos. ¿Alguien aprendió a decir Te Quiero durante el trayecto de esta maldita enfermedad? Seguro que sí, y es que..., siempre vamos con prisas, como si todo fuese a acabarse mañana y mientras tanto no te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes, o empiezas a perderlo. Pero..., esto no es un cáncer fulminante y te da tiempo a decir muchas cosas, a conocer a una persona nueva dentro de una persona que ya conocías o creías conocer. 

Pero no, no vamos a decir que durante la mejor etapa, si se le puede llamar así, y durante esos momentos todo va a ser un camino de rosas, porque la procesión va por dentro y todos la llevaremos siempre a cuestas, pero debemos ver la zona de color azul, pues la tiene y solo un alma ciega puede obviarlo, porque es innegable que esta es una de las peores enfermedades que vaya uno a padecer, por no decir la peor, y digo padecer en primera persona porque a veces no es el enfermo quien parece padecerla, sino quienes cuidamos de ellos durante unas horas, días de 25 y 27 horas o toda la vida y en algunas ocasiones es el propio familiar unicamente quien recibe el diagnóstico porque así la familia lo elige y siempre por el bien del enfermo, y ello supone otra carga emocional que hay que sumar.

Pero quién de nosotros no habrá dicho o pensado: «Lo cambiaba por cualquier otra enfermedad...» --fulminante o no--, «y si en vez de Alzheimer, fuera... », pero luego, pasada la tormenta, vuelve uno a responderse: «No, no la cambiaba por otra enfermedad, ni fulminante ni duradera. Es lo que me ha tocado y p'alante con ello». Mas.. ¿Sabes que últimamente se habla de que hay cuidadores que fallecen mucho antes que el propio enfermo? Terrible, ¿no?

Dicen, o a lo mejor me lo estoy inventado, que una de las «más importantes filosofías de vida» es reírse de uno mismo, pero... ¿De qué cuernos se puede reír un enfermo de Alzheimer? Si supieran en realidad lo que les ha tocado vivir o la condena y la carga emocional a la que esta enfermedad somete a la familia, dudo mucho que esbozaran una sonrisa, por lo que ese enmascarado placer nos toca a nosotros. Reír, y reír con ellos, esto no es un cáncer o un infarto fulminante y su vida o agonía nos puede acompañar durante 15 o 20 años. Ayudémosles a vivir, pero también, riamos... con ellos.


A todos los familiares y cuidadores de enfermos de Alzheimer
Y a Pedro J. Bueno, por enseñarnos a reír
 


 

sábado, 3 de diciembre de 2011

Ellos también deben cuidarse

Los hombres mayores de 50 años deben cuidar el funcionamiento de la próstata, una glándula que forma parte del aparato reproductor y urinario masculino. Responsable de la producción de parte del líquido seminal, se ubica a la salida de la vejiga. 
Las molestias del mal funcionamiento de la próstata suelen estar asociadas a dificultades y dolor para orinar. Su inflamación luego de los 50 años es muy común, aunque tratable. Los hombres deben realizarse controles periódicos sobre todo para descartar cáncer de próstata del diagnóstico y mantener una buena calidad de vida.
Si bien la hipertrofia de la próstata causada por la edad no es grave, puede propiciar la aparición de infecciones urinarias y demás molestias como necesidad de orinar repetidas veces o dificultades para vaciar la vejiga. Conviene consultar al urólogo antes de que se presenten los síntomas.


¿Qué pasa con la vida social después de los 50?

Muchas personas se deprimen cuando llegan a su cumpleaños número 50. Otros lo toman con humor e incluso organizan una fiesta o hacen bromas con el hecho de haber llegado a la edad de medio siglo.
Lo cierto es que, si todo ha rodado bien en lo económico y familiar, los 50 años pueden llegar a ser incluso una segunda adolescencia. 
Con los hijos ya criados, tal vez culminando estudios secundarios o terciarios, es el momento para gozar de la satisfacción del deber cumplido y, por qué no, quizás de un primer nieto. 
Diferente es la situación para las personas que se encuentran solas en esta etapa de la vida. Quienes por algún motivo no han conformado una familia, no tienen una pareja estable o están separadas, el panorama puede ser un tanto más complejo. 
Puede suceder que si todos los amigos están en una relación o con una situación familiar estable y alguno queda solo, sienta cierta dificultad para incorporarse a la dinámica de su círculo habitual. 
También se da el caso de amas de casa o varones que han pasado a retiro y no encuentran la forma de generar un vínculo con el mundo exterior. 
Hay quienes retoman los estudios que habían abandonado por diferentes razones en su juventud, por ejemplo. Puede ser un buen momento para dedicarse a un pasatiempo o practicar algún deporte. Lo fundamental es mantenerse en movimiento. 
Aunque la constante, sobre todo en las grandes ciudades, es vivir apurado y sin mirar al costado, los espacios de socialización pueden estar en la fila del supermercado o haciendo activismo por alguna causa. 
Más que con la edad, la capacidad de mantenerse socialmente activos tiene que ver con el temperamento, el estado de ánimo de la persona y su entorno.

Cuidados del adulto mayor

Cuidar de una persona mayor requiere de mucha responsabilidad. No se trata únicamente de evitar que tenga hambre o de que sufra un golpe. El cuidado integral del adulto mayor, toma conciencia de su salud física, mental y social.
La vejez es un proceso inevitable en el cual el cuerpo de la persona se comienza a deteriorar. 
Uno de los tipos de afecciones más comunes en la tercera edad son las cardíacas. El corazón no funciona de la misma forma y además, la acumulación a través de los años de grasa en las arterias que la obstruyen aumenta el riesgo de problemas cardiovasculares.

Esto no solo refiere a infartos o lesiones cerebrales, sino también a otros problemas como la incorrecta circulación en las piernas u obstrucción, lo que provoca gran dolor y eventualmente muerte de los tejidos y en una última instancia, podría llevar a la amputación de los dedos.
Es importante tratar de que el adulto mayor tenga el menor sedentarismo posible.
Prevenir la osteoporosis es esencial para mejorar la calidad de vida. La actividad física puede mejorar la capacidad cardíaca y respiratoria y además, genera una actitud positiva hacia la vida que aumenta sustancialmente la salud.
Obviamente antes de comenzar cualquier tipo de ejercicio físico, se debe consultar un médico especialista para que nos indique qué tanto se puede exigir a la persona.
Se debe prestar especial atención a la alimentación de las personas adultas, ya que la desnutrición se puede dar de forma muy lenta y eso la puede hacer difícil de detectar. Todos los años se debe pesar y medir a la persona para saber que su índice de masa corporal es el correcto. Tomemos en cuenta que, la pérdida de dientes lleva a que no se mastique correctamente la comida, lo cual desemboca en un mal aprovechamiento del cuerpo de los nutrientes.
La falta de agilidad y reflejos de los adultos mayores los hacen más propensos a sufrir accidentes caseros. Una caída y fractura empeorará gravemente la vida de un anciano, ya que sus huesos no soldarán de la misma forma que en un joven.
Son muchas más los factores a tener en cuenta para el correcto cuidado de un adulto, pero lo más importante tal vez sea tratarlo con la dignidad y el respeto que se merece. Como mencionamos, una actitud positiva es incluso más importante que una rodilla que no duela.